domingo, 4 de mayo de 2008

Sobre feriados, bares y copas


Creo que este último fin de semana ha sido el más largo de todos, y creo que necesitaré otro fin de semana largo para recuperarme de este.

Verán, esta semana fue en exceso agobiante, por temas que no vienen al caso mencionar, por horas extra en la oficina y lo lejos que queda mi casa de ésta. Llegó el miércoles y salí con Catalina, pero no entraré en detalles porque de ello ya hay un post anterior.

El jueves estuve recuperándome del miércoles y deseando que el viernes no llegue. Pero llegó. Así que me levanté temprano, como de costumbre, fui a la oficina, hice mis cosas, y me retiré temprano porque de los tres días anteriores, dos salí super tarde. Así que me dispuse a ir a casa de mi super abue, a dejar algunas cosas y cambiarme para salir con un amigo.

Tiempo que no salíamos juntos, luego de algunas tensiones, propias de los seres humanos, optamos por hacer pausas y encontrar alternativas para mantener el contacto sin herir suceptibilidades. Creo que el viernes fue muestra de ello, y todo un éxito por cierto.

Llegó a mi segunda casa y me recogió. Fue bastante raro, hace tiempo que no salia sola con él, y encontrarme en una situación así fue al principio un tanto incómodo, y ya me di cuenta que cuando estoy nerviosa tiendo a hacer bromas, y algunas tontas. Así que lo tendré en cuenta para la próxima.

Caminamos hasta el paradero y nos dirigimos al lugar-no-lugar-de-siempre, El Centro de Lima. Como ya sabrán, me gusta mucho esa parte de la ciudad. Es un lugar mágico, lleno de historia universal, y personal, en donde confluye el pasado con el presente y el futuro juega a las escondidas con los transeuntes. Como resistirse a transitar por sus calles???

Bueno llegamos, y la ruta, mi ruta, y a veces su ruta, Quilca con Willson y luego el jirón de la Unión. Donde mirábamos las action figures de algunos comics conocidos, o algún disco interesante. Sin embargo, caminábamos sin rumbo, y cada paso que dábamos la pregunta se hacía inminente, a dónde vamos??? En principio se me ocurrió un lugar, pero de acuerdo con la información que este ser manejaba, solo servían almuerzos... y a las 5 de la tarde como que no era para ir a almorzar. Así que seguimos caminando. Conversando de todo y de nada, de su vida, su trabajo su familia, de mi vida, de mi trabajo y mi familia. Hasta que algo se me ocurrió, claro no fue novedoso, pero al menos sirvió para tener camino definido. Decidimos, de manera cuasi autoritaria ir al Parque de la Muralla. Pero antes, no pudo consigo, y me invitó a comer helados, mientras buscábamos heladería alguna -aunque creo que nos pasamos 4 o 5- llegamos a una heladería al costado de Palacio de Gobierno, cada quién pidió sus helados favoritos, y nos sentamos a seguir conversando de lo mismo y de nada y de todo.

Luego, una vez superados los efectos del helado -el congelamiento de la lengua- nos dispusimos a ir a nuestro destino. Caminamos y seguimos conversando, hasta que llegamos al parque en mención y para sorpresa nuestra encontramos una banda de viejitos que tocaba música, en ese momento una marinera. Aunque con muchas ganas de bailar, pero siempre el super yo, que nos limita y reprime me hizo quedar sentada.
Conversasiones van y vienen y en el camino se detienen y se nos hacía tarde para ir a un centro cultural en el mismo centro. Seguimos caminando y conversando, ya en un matiz un tanto más profundo, menos broma, más en serio. El frío, comenzaba a surtir efecto en mí, pero ese día me decidí a no abusar de mi condición de mujer para pedir "ooohh!!! por favor abrígame y tú coge un resfriado", no. Aquí estoy contenta y con dolor de garganta pero nadie puede decir que le quité a un pobre hombre su chompa. Antes de llegar al centro cultural pasamos por Don Luchito e hicimos algo que hace mucho tiempo no hacíamos, y eso -tal vez lo mejor de la noche- me alegró bastante. Me entregó algunas de sus creaciones más preciadas, y pidió que eligiera los que considerara mejores, o los que más llamaban mi atención. Y así lo hicimos, en silencio, barena en mano, creación en la otra. Leyendo y releyendo las leyendas construidas con sus palabras, gratos artificios. Terminamos el momento y nos fuimos a unos pasos más allá para reencontrarnos con otro lugar querido, donde algunos nos conocen, más a él que a mí. Fuimos a comer y de ahí a ver un concierto de tributo a Calamaro.

Llegamos a Barranco con unos amigos, y la pasamos genial. La Pálida, aunque su vocalista no es extraordinario, cantaba bastante bien y el sonido de Tavo Castillo simplemente nos hizo delirar. Cantando y gritando como locos, saltando, casi me quedé sin voz. Momento muy emotivo, tanto que me hizo preguntarme "Si ahora es así, cómo será el día del concierto??" En ese instante la piel se me puso de gallina, y fue genial!

La Noche era joven, y nosotros cuatro también, así que no contentos con lo visto, cantado y gritado queríamos más y decidimos irnos al Yacana... yeeeeeee!!! Aunque debo aclarar no le agarré el sentimiento a nadie, solo sería capaz de hacerlo con la Blue.

Pero, algo que puedo disculpar por esta vez, es que el bar en cuestión, estaba casi vacío, pagamos entrada y la gente estaba en otra. Aunque no importa, yo le tengo mucha estima a ese sitio, tal vez por el último 31 de octubre, o tal vez porque es el único lugar en donde puedo bailar cada canción sin quejarme, ser feliz y gritar e-le-va-tion!!

Bailamos todos y cada uno con su espacio, su soledad y su mismidad, cada quien a su ritmo. La noche se acababa, y no quedó otra que retirarnos. Los amigos se dividieron para llevar a las féminas a sus respectivos hogares. Puedo decir que fue un viernes muy bonito, lleno de mucho sentimiento y mucha alegría, con silencios un tanto incómodos, pero alguien una vez me dijo algo muy bonito, que los silencios incómodos son de lo mejor, ese no saber qué decir, y mirar al vacío, es lo que llena los corazones y provoca sonrisas. Así que los silencios como las distancias son bienvenidas!

Aquí un video de la Pálida, a pesar de todos los videos de ese día, no se pudieron bajar, pero no importa. La misma gente, en mi cumpleaños cuando no sabía que ellos existían. Cuando te conocí



Canción de la loca gritona, pero en versión de Julieta Venegas




Y esta es una canción para celebrar con helado de coco, vainilla y chocochip los silencios... porque no se necesita hablar para comunicar